EL IMPACTO PSICOLÓGICO DE LA CRISIS DEL COVID-19

ANTONIO G. SANTANA | Las Palmas de Gran Canaria | 31 marzo 2020

Aunque no estés afectado por la enfermedad, es posible que en estos días estés sintiendo una serie de intensas y persistentes emociones que pueden afectar a tu estado de ánimo y a tu bienestar emocional.

Ante la crisis de la pandemia que estamos sufriendo debemos prestar especial atención, como es lógico, por un lado, a los cuidados relacionados con la prevención, es decir: las medidas de higiene para evitar tanto el contagio como la transmisión del virus. Pero por otro lado, además debemos poner en práctica ciertos cuidados relacionados con nuestra salud emocional, a fin de reducir en lo posible el impacto de la situación

SHOCK INICIAL

Aunque de entrada las personas podemos negar y minimizar las consecuencias de un desastre, más tarde o temprano llegamos a comprender que la catástrofe es inevitable y tomamos conciencia de la gravedad del momento. Es en ese momento entonces,

cuando experimentamos una situación de absoluta indefensión, en la que predominan una gran desorientación y un miedo intenso que inhiben nuestra capacidad para tomar decisiones y para razonar con claridad. Las consecuencias psicológicas se ven agravadas por la situación en la que estamos inmersos. Entre otras cosas, es posible que podamos experimentar: gran nerviosismo, agitación o tensión, sensación de peligro inminente, pánico, incertidumbre y desasosiego. Igualmente podemos experimentar dificultades para dejar de pensar en otra cosa que no sea la enfermedad o la preocupación por enfermar y sentirnos impulsados a estar permanentemente viendo y oyendo informaciones sobre el tema, hasta el punto de embotarnos y saturarnos hasta no poder concentrarnos ni interesarnos por otros asuntos que no sean el tema de nuestra intensa preocupación. Todo ello puede interferir con el normal desarrollo de nuestras actividades cotidianas y provocarnos problemas para conciliar el sueño e incluso para tener un sueño reparador. Las consecuencias psicológicas y emocionales inciden y producen un alto nivel de estrés en nosotros/as, lo que provoca, a nivel fisiológico, un aumento del ritmo cardíaco, una respiración acelerada, sudoración, temblores, etc.

REACCIÓN DE CONMOCIÓN -INHIBICIÓN -ESTUPOR

Ésta es una reacción normal ante una situación anormal. Técnicamente la denominamos: “reacción de conmoción-inhibición-estupor”, y constituye una situación crítica para nuestro organismo. Descargamos una mayor dosis de neurotransmisores (entre ellos adrenalina) que nos impulsan a responder rápidamente ante el peligro, luchando o huyendo para intentar ponernos a salvo. En ocasiones también podemos quedar paralizados y sin saber qué hacer.

El problema es que la reacción normal de nuestro organismo, puede llegar a convertirse en un problema más serio si llega a cronificarse y no tomamos las medidas adecuadas para aliviar dicho estrés. Resulta evidente que, aunque no estemos directamente implicados/as en el desastre, a todos y a todas, de una u otra manera, nos afecta la actual situación y las consecuencias que de ella se derivan.

EL CONFINAMIENTO

A todo el mundo le afecta el confinamiento al que obligatoriamente estamos sometidos.

Dicho confinamiento, paradójicamente, puede habernos hecho sentir, en un primer momento, cierta sensación de alivio, calma y tranquilidad, al percibir que podemos y estamos haciendo algo para huir del peligro y mantenernos a salvo en la seguridad de nuestro hogar.

Sin embargo, a medida que pasan los días nuestro ánimo puede sentirse resentido y alterado pudiendo experimentar ciertos altibajos.

LAS ESTRATEGIAS DE AFRONTAMIENTO

Tal y como hemos dicho, ante una situación de crisis es normal, en un primer momento, paralizarnos y sentirnos en shock: la situación se nos viene encima y nos coge desprevenidos. Nos orientamos hacia los estímulos que activan nuestra alerta y nuestro miedo y tratamos de manejar y afrontar la situación que nos provoca estrés de la mejor manera posible.

Los esfuerzos que realizamos, intencionadamente, para atender y hacer frente a las demandas de las situaciones que activan nuestra alerta y exceden nuestros recursos personales se denominan: estrategias de afrontamiento. Cuando es posible buscar apoyo social y confrontar y aplicar soluciones al problema que provoca nuestra alarma y nuestro estrés, entonces aplicamos estrategias de afrontamiento centradas en el problema. 

Si se nos avería el refrigerador, por ejemplo, decidimos contar con el servicio técnico para que nos ayude a arreglarlo. Sin embargo, no siempre está en nuestra mano solucionar los problemas. Hay problemas que no tienen remedio. Por ejemplo, el técnico nos dice que el refrigerador se ha estropeado y que no tiene arreglo.

Algo parecido ocurre con esta crisis. Si estuviera en nuestra mano investigar y desarrollar el tratamiento y la vacuna para el coronavirus, ya estaríamos dedicados a ello. Pero eso es algo que no está en nuestra mano. Por lo tanto, no nos queda otro remedio que aplicar lo que llamamos una estrategia de afrontamiento centrada en la emoción.

El afrontamiento centrado en la emoción equivale a buscar la manera de regular nuestras emociones negativas para aminorar el impacto que la situación estresante nos provoca. Algunas de estas estrategias centradas en la emoción resultarán adaptativas pero, sin embargo, otras resultarán desadaptativas. Si logramos aceptar la nueva situación en la que nos sitúa la crisis abierta y manejar las circunstancias del modo más adecuado posible para atender y resolver los problemas que se nos presentan, estaremos adaptándonos adecuadamente y sobrellevando las circunstancias que la realidad impone. Sin embargo, si nos empecinamos en evitar y/o negar la realidad, o nos permitimos rumiar constantemente nuestras preocupaciones, estaremos contribuyendo a empeorar la situación y prolongar nuestro sufrimiento emocional de una manera poco adaptativa. Lo que a la larga puede tener consecuencias en la salud emocional y física.

Para quienes en el momento de iniciarse la actual crisis se encontraban acudiendo a tratamiento psicológico, es fundamental tratar de mantener dicho tratamiento a través del contacto telemático con su terapeuta.

Para aquellas personas que no acudían a terapia en el momento de iniciarse la actual crisis pero se sienten desbordadas por los acontecimientos y perciben que su bienestar emocional se está viendo comprometido, también es fundamental tratar de establecer contacto con aquellos/as profesionales que pueden suministrarle el tratamiento psicológico adecuado para fortalecer sus estrategias de afrontamiento ante la actual crisis.

Cuida tu salud mental. Busca ayuda profesional si sientes un nerviosismo abrumador, una tristeza persistente u otras reacciones prolongadas que afecten negativamente a tu desempeño laboral o a tus relaciones interpersonales.

Además de las pautas que se pueden trabajar en la consulta psicológica, resulta conveniente, en general, tomar en consideración las siguientes pautas:

• aprender a identificar aquellos pensamientos que nos generan malestar

• reconocer y aceptar nuestras emociones

• evitar la información que no provenga de fuentes fiables y contrastar los hechos con medios oficiales y científicos, evitando información e imágenes alarmistas

• evitar la sobreinformación y aprender a distraernos manteniendo una actitud optimista y objetiva

• aprender a mantener y transmitir la calma necesaria entre nuestros allegados y con nosotros/as mismos

• planificar rutinas adaptadas a la nueva situación • mantener el contacto social, aprovechando para ello las posibilidades que nos ofrecen actualmente las tecnologías de la comunicación (teléfono, videoconferencia, etc.)

• planificar una dieta adecuada e incorporar ejercicio físico, adaptado a nuestra capacidad, a nuestra rutina diaria

• atender aquellas cuestiones que tenías más relegadas por falta de tiempo y aprovecha para realizar aquellas actividades creativas, como cocinar, escribir o simplemente ordenar los armarios y disfrutar de la compañía de tu familia o de las personas con las que convives.